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27

Feb

Cinco claves para que el trabajo que tenés se parezca al que querés

Aquí, las formas de implementar la técnica del job crafting, un método para lograr mayor satisfacción en nuestras tareas cotidianas.
Si bien moldear nuestro trabajo cotidiano para que nos devuelva más satisfacción y sentido de propósito no es tarea fácil, tampoco es una misión imposible. Alejandro Melamed es director general de Humanize Consulting, conferencista en temas de recursos humanos y uno de los referentes del coaching ejecutivo en la Argentina. Para este experto, este nuevo método no es más que una invitación a salir de un lugar de víctima del tedio cotidiano para ocupar un lugar protagónico y cambiar nuestra realidad.

Aquí, resumimos las 5 claves que sugiere este experto para poner en práctica el arte de sentirnos mejor con lo que hacemos. Un dato importante: documentar el proceso ya implica un compromiso. Por eso, vale la pena (¡ahora!) tomar papel y lápiz...

1. Hacer foco en las tareas por las que se siente pasión. No se puede hacer todo. Para empezar a hacer cosas que nos interesan más, tenemos que detectar cuánto tiempo y energía se va en lo que no nos motiva. Por eso, se sugiere evaluar un mes típico de trabajo y hacer una lista de todo lo que hacemos en un día. Aclaración: no se trata de la descripción del puesto que ostenta la tarjeta personal, sino concretamente las tareas que hacemos. Por ejemplo: "Mando 40 e-mails", "Hago 10 llamados a diario". Esta lista de funciones concretas permite hacerse preguntas del tipo: "¿Son todos esos mails o llamados necesarios?", "¿Y si las reemplazo por reuniones de frecuencia semanal?". Parar la pelota y registrar lo que hacemos al detalle nos permite identificar las tareas que nos satisfacen, para hacer foco en incorporar más de lo que realmente nos apasiona.

2. Pensar en quiénes son las personas en las que realmente queremos impactar. Cuando trabajamos, perseguimos un propósito que nos trasciende a nosotros. Una de las maneras en que podemos evaluar cómo nuestro trabajo impacta en otros (clientes, compañeros, jefes) es citar, por ejemplo, a uno de estos actores y preguntarle: "¿Qué de todo esto que hago te agrega más valor?". Es importante escuchar, ya que podemos darnos cuenta de que hay tareas que no solo no nos gustan sino que tampoco impactan positivamente en nuestro entorno.

3. Repensar lo que se hace en función de la organización y del negocio. La pregunta clave aquí es: "¿Cuál es el valor por el que me pagan?". Cuando comprendemos el objetivo de la empresa, podemos identificar cuáles de las tareas diarias están alineadas con ese propósito y cuáles no. Uno de los grandes desafíos de las empresas es que su gente sienta realmente que genera valor. Si no sabemos qué objetivos persigue la organización y de qué manera espera que nosotros agreguemos valor, es tiempo de averiguarlo.

4. Eliminar las barreras que son mentales y no reales. La mente es un artefacto maravilloso pero también peligroso. Muchas veces, nosotros somos los autores de nuestras propias historias, construyendo verdades absolutas sobre lo que hacemos o sobre las personas con las que nos vinculamos. El ejercicio aquí es hacer una lista de esas "verdades" y cuestionar lo que damos por sentado, tanto en relación con nuestras tareas como con nuestros vínculos.

5. Involucrar a tu jefe y a otras personas impactadas. Aunque haya que atravesar una membrana de incomodidad, a veces, es necesario darse el espacio para una conversación con tu jefe que vaya más allá del trajín cotidiano. Esas charlas en las que hablamos de los grandes temas: motivación, búsqueda personal, objetivos. Al iniciar un proceso de job crafting, es clave decir (fuerte y claro) que buscamos mejorar el impacto y que estamos revisando lo que hacemos cada día. Cuando detectamos las posibilidades para mejorar, pasamos a proponer un plan concreto, que implique cambiar algunos procesos y reemplazar algunas tareas por otras.

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