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  • Competencia 3: El virus de la frustración.

     

    “La inteligencia emocional, permite tomar consciencia de nuestras propias emociones, comprender los sentimientos de los demás, tolerar las presiones y frustraciones que se sufren en el trabajo, así como; acentuar la capacidad de trabajar en equipo y adoptar una actitud empática y social, que brindará más posibilidades de desarrollo social.” Daniel Goleman, lo señala en su obra Inteligencia Emocional. Es una constante cotidiana, ver gente malograda, disgustada, rabiosa, que no tiene tolerancia para soportar cualquier tipo de presión y frustración, cuando nos exigen algo, nos realizan un pedido, un llamado de atención para corregir acciones, reclamos por incumplimientos, creo que me falta algo que no tengo, no conseguir algo en el tiempo o la forma en la que se pretende; en definitiva; cuando hay una exigencia de por medio, ya sea esta, autogenerada, recibida o requerida. Es decir, se observa, una expansión del virus de la frustración; y vemos que la gente no encuentra el antivirus para manejar las presiones y frustraciones. Hoy abordaremos el desarrollo de la competencia tres del liderazgo: Tolerancia a la presión y frustración.

    ¿De qué se trata esta competencia?

    Las competencias tienen que ver con las características de nuestra personalidad, forman parte de nuestro ADN, del temperamento puesto en escena. Entonces podemos decir, que las competencias son comportamientos, nuestros genes, más las experiencias que vivimos exteriorizadas en los ámbitos que nos desenvolvemos, ya sean; laboral, deportivo, social, familiar, etc. Las competencias son propias de cada organización, empresa y lugar donde nos desempeñemos. Para ser buenos jefes hay que desarrollar competencias, así como para ser buenos padres, amigos, docentes, siempre debemos definirlas, nos brindan un norte para lograr mejores comportamientos en función del desempeño esperado. En una organización, son los líderes los que soportan más presiones y frustraciones, por lo tanto, son las personas a cuidar y desarrollar, para que enseñen; y a su vez, cuiden al resto. Los líderes o gerentes medios, reciben presiones desde arriba, de parte de sus directivos que quieren lograr los objetivos en tiempo y forma; desde abajo, de sus empleados que realizan demandas y pedidos de atención; desde los costados, de proveedores y clientes. Entonces podemos decir, que la competencia tolerancia a la presión y frustración, tienen que ver con la habilidad para responder y trabajar en alto nivel durante contextos de mucha exigencia, es la capacidad para tomar a la presión como aliada, ser protagonistas y no víctimas antes situaciones de esta naturaleza. El desafío es lograr la presión o tensión justa, tanto para tolerarla cuando soy presionado, como para transferirla cuando soy el exigente. El manejo adecuado de la frustración, tiene que ver con lograr el equilibrio emocional, administración de las expectativas y tiempos para lograr los objetivos. Discernir efectivamente lo que hay en juego en cada acto, distinguiendo los problemas de las personas.

    ¿Para qué tolerar las presiones y frustraciones?

    Debemos tolerar las presiones y frustraciones para poder vivir en el modo feliz, para ser personas alegres y estar en paz con nosotros mismos. Para alcanzar esto, ni más, ni menos, debemos comenzar a entender que nos sucede, aprender a conocernos más, pensar lo que sentimos, manejarnos más inteligentemente a nivel emocional, hacernos cargo de lo que nos sucede. Esto requiere contestarnos algunas preguntas básicas; ¿Dónde estoy? ¿A dónde quiero ir? ¿Cómo voy a llegar allí? Es decir, tenemos que comenzar a descubrir quienes somos, que queremos, donde nos encontramos, a donde queremos ir y dilucidar como vamos a llegar donde queremos. El manejar las presiones y frustraciones tiene que ver con gestionar las exigencias, las que nos imponemos, las que trasladamos a los demás y las que recibimos de los demás. Estos tres interrogantes deben estar en línea, en una coherencia con el nivel de excelencia que queremos alcanzar. Nuevamente, vamos a una pregunta para nuestro neocortex (cerebro pensante), ¿En queremos ser excelentes?  ¿Tengo realmente claro en que quiero ser excelente? ¿Qué dedicación, le doy a la faceta en la que deseo ser excelente?  ¿Qué brecha hay entre lo que “digo” y “hago”? ¿Cuál es mí nivel de compromiso con la excelencia que busco? Entonces la respuesta es, que sí queremos ser excelentes en algo, tenemos que ser exigentes y por la tanto vamos a tener que tolerar presiones y frustraciones, para intentar lograr lo que perseguimos. El camino es comenzar a hacernos preguntas, luego hacer introspección, registrar que sentimos y poder dar respuestas a los planteos.

    Emociones

    La presión está en relación directa con la ansiedad, la frustración con el enojo. Estas dos emociones tienen muy mala prensa, producto de nuestro analfabetismo emocional, pero ofrecen una información muy valiosa, que, sí la sabemos aprovechar nos permiten tomar muy buenas decisiones. Nos impulsan a preocuparnos y ocuparnos de los que nos interesa. Para lograr lo queremos, tenemos que activar estas dos emociones a un nivel medio, con nivel cero de ansiedad y enojo, no logramos nada, estamos relajados y desenfocados. Por el contrario, con un alto nivel de ansiedad y enojo, se está fuera de sí, descontrolados, con baja capacidad de registro emocional. Entonces el equilibrio, siempre es el camino, para encontrar la armonía y tensión justa para el logro de los objetivos. La ansiedad y el enojo tienen dos comunes denominadores: tiempo y expectativas. Esto significa que debemos hacer una buena gestión de nuestros tiempos, de la planificación, del orden, de distinguir lo importante de lo urgente, lo principal de lo accesorio, de preguntarnos en cuanto tiempo queremos lograr lo que nos proponemos. El manejo del tiempo, tiene una tridimensionalidad efectiva que hay que gestionar: pasado, presente y futuro. En cuanto al nivel de expectativas, está relacionado directamente con el nivel de motivación y entusiasmo. El enojo o frustración, es la diferencia entre la realidad (logros) y expectativas; por lo cual es clave, observar si mi nivel de expectativas está en línea con lo que hoy puedo alcanzar. La mayoría de las veces, la desmotivación tiene que ver con expectativas erróneas o un mal proceso de planificación de las mismas.

    A modo de cierre podemos decir que para empezar a eliminar el virus de la frustración y poder vivir en el modo felicidad, es decir, disfrutando nuestro recorrido, debemos explorar más sobre el tiempo y las expectativas.

     

    Carlos Alberto Sosa

    www.sosayasociados.com

    Consultor de Empresas

    Contador Público Nacional. Mg. Administración de Empresas.

    Especialista en RRHH y Dirección de Negocios.

    Coach Ontológico. Neuroliderazgo.

     

     

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