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  • Competencia 1: Liderazgo. Las emociones que lo sustentan.

     

    Todos sabemos que el otoño, invierno, primavera y el verano son las 4 (cuatro) estaciones del año, nuestras leyes naturales, nos las podemos alterar. Desde nuestra mirada, entender los diez principios del liderazgo que desarrollamos, es comprender como funciona cada estación. Significa interpretar la biología del liderazgo, las leyes de gravedad que la gobiernan, la filosofía de vida de un líder auténtico. Ahora bien, cuando nos referimos a las competencias, nos estamos refiriéndonos a las prácticas y comportamientos que se ponen de manifiesto en el desempeño laboral. Estas competencias son características de la personalidad que se ponen en movimiento (o no) en el ámbito laboral en el que nos desenvolvemos. Por lo tanto, se pueden gestionar, potenciar, trabajar, cambiar; siempre y cuando el líder esté dispuesto a dejarse ayudar. En este caso, nos vamos a referir a la competencia de liderazgo hacia otros o dirección de personas que tenga a cargo.

    Liderazgo

    La primera persona que un líder tiene a su cargo, es a él mismo, sino logra autodirigirse o conducirse,  difícilmente lo pueda hacer con los demás. Primero lo primero, esto es, en la casa propia, luego fuera. Liderar es influir para tener gente con más libertad para decidir por sí misma, abierta al aprendizaje y con más capacidad para pensar. La acción del líder sobre el liderado, genera un antes y un después, un punto de inflexión. La visión del liderazgo, es integral, abarcadora y comprende a la persona con todas sus virtudes y áreas de aprendizaje.

    Las emociones básicas de la competencia liderazgo

    No hay acción humana sin una emoción que la funde como tal y lo haga posible como acto, dice Humberto Maturana. Finalmente, no es la razón la que lleva a la emoción, si miramos la acción del otro conoceremos sus emociones y si miramos sus emociones conoceremos sus acciones. Por lo tanto, si bien el líder tiene que dominar los asuntos racionales, operativos o técnicos, para lograr influencia en sus colaboradores, ganarse su confianza, debe hacer una gestión inteligente de sus emociones. Para comenzar a desarrollar la competencia liderazgo, es clave como primer paso, gestionar las siguientes emociones básicas: amor, alegría y ansiedad.

    Amor

    En su dimensión más vasta llamamos amor a la energía que sustenta al universo y lo hace funcionar. Nos podríamos preguntar ¿Qué es el amor llevado al liderazgo?  Y podríamos decir, en una sola palabra, que amor, es compromiso. Un líder siente amor primero por sí mismo, luego por lo que hace y por último contagia ese amor a sus dirigidos. Esta emoción es la que permite estar, lograr confianza, amar al otro y a su vez sentirse libre, querer la historia construida, el proceso y la lógica, superar los conflictos y el caos que muchas veces nos depara este amor por lo que hacemos. Julio Olalla nos trae “me encanta el ser que soy cuando estoy contigo”. Con esa frase coloca el amor dentro de nosotros, como algo que habita dentro de nuestro ser y es despertado por la presencia de alguien que ha logrado aflorar en nosotros nuestra más bella y pura esencia. El amor nos trae pasión, afecto, apego, ternura y por lo tanto compromiso por lo que hacemos, tenemos y queremos. El amor del líder es su compromiso, en tres sentidos: con él mismo, por lo que hace y con quien lo hace (dirigidos). El amor nos lleva a una relación simétrica, el liderazgo del siglo veintiuno tiene que ver justamente con eso, con respetar una armonía, una proporción, una conquista del otro para compartir un camino, proyectos y desafíos. El liderazgo asimétrico llego a su fin, con la aparición de la era digital y las nuevas generaciones laborales. Hoy hablamos de que el líder debe aprender a conquistar voluntades, ya no alcanza con ofrecer un puesto de trabajo y un salario. El amor es pasión, lleva a la convicción, despierta la esperanza, el optimismo, genera confianza. Cuando hablamos de amor, no estamos diciendo que un líder debe perder su capacidad de exigir por ese espacio (empresa) que comparte con su liderado, por la calidad del vínculo, no nos olvidamos que el líder tiene como misión principal la de ser justo y poder de diálogo, proteger y cuidar el sistema en él que se convive. Entonces lo primero, básico que un líder debe preguntarse es ¿Amo lo que hago? ¿Estoy siendo yo, haciendo lo que hago? ¿Cómo contagio el amor por lo que hago?  

    Alegría

    Tiene que ver con el entusiasmo, con un sentimiento grato y vivo que suele manifestarse exteriormente. Si amamos lo que hacemos, la alegría está a flor de piel. La alegría tiene que ver con un líder con un estado interior freso y luminoso, generador de bienestar general, alta energía, contagiosa para sus dirigidos, constructiva, que transmite predisposición de los liderados. La alegría crea optimismo, felicidad, potencia el cambio y aprendizaje. La alegría por quienes estamos siendo, lo que hacemos y con quien estamos, nos lleva a un terreno de efervescencia para lograr nuestros objetivos. El líder efectivo, debe ser alegre, debe aprender a reírse de sí mismo ante sus colaboradores, esto genera confianza, dado que los errores y el fracaso forman parte del recorrido y el aprendizaje. Hablamos de alegría como rasgo profundo de la personalidad del líder, lo que significa que el líder efectivo es una persona alegre, pero también muy inteligente para gestionar funcionalmente la misma. ¿Nos alegra lo que hacemos? ¿Cuándo estamos enojados o tristes nos alegra el hecho de pensar lo que hacemos?

    Ansiedad

    Es una característica distintiva de los grandes líderes, hablamos de los niveles de ansiedad que logran el equilibrio justo entre la preocupación y ocupación para enfrentar las amenazas que se presentan, con los recursos disponibles. Es muchas veces, la capacidad anticipatoria de líder para visualizar los problemas y gestionar sus miedos. El líder efectivo tiene ansiedad, tiene miedo, se muestra vulnerable, pero tiene obsesión por los pequeños detalles que hacen a las grandes diferencias. Cuando hablamos de la gestión de la ansiedad, nos estamos refiriendo a una capacidad anticipatoria de eventos futuros traídos al presente de una manera efectiva para bajar los niveles de miedo.

    A modo de cierre

    El líder para potenciar su competencia liderazgo o de dirección de personas, debe comenzar a registrar sus emociones, lo que siente, no lo que piensa, para poder comenzar a hacer visible lo invisible.

     

     

    Carlos Alberto Sosa

    www.sosayasociados.com

    Consultor de Empresas

    Contador Público Nacional. Mg. Administración de Empresas.

    Especialista en RRHH y Dirección de Negocios.

    Coach Ontológico. Neuroliderazgo.

     

     

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