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  • Principio 2: Actitud. Por Carlos A. Sosa

    Déjame decirte algo que ya sabes hijo. La vida no es arcoiris y nubes rosas. Es un lugar malo y salvaje. Y no le importa lo duro que seas, te golpeará y te pondrá de rodillas, y ahí te dejará si se lo permites. Ni tú ni nadie golpeará tan fuerte como la vida. Pero no importa lo fuerte que puedas golpear, importa lo fuerte que pueda golpearte y seguir avanzando, lo mucho que puedas resistir, y seguir adelante. Eso es lo que hacen los ganadores. Ahora, si sabes lo que vales, ve y consigue lo que vales. Pero debes ser capaz de recibir los golpes y no apuntar con el dedo y decir que eres lo que eres por culpa de ese o el otro. ¡Eso lo hacen los cobardes! ¡Y tú no eres un cobarde! ¡Tú eres mejor que eso! Estos párrafos no son de Borges, tampoco de Bioy Casares. Son de una de una película tal vez muy elemental para muchos, con poco guión cinematográfico, pero seguramente para quienes la recuerdan, una escena de mucha actitud y emoción en la vida. La misma pertenece al famoso Rocky Balboa en una gran lección que da a su hijo en la popular Rocky III (tres). Estas palabras son contundentes por su simpleza, representan el verdadero significado de lo que entendemos por actitud. En los negocios, en la vida, en el deporte, tener una actitud ganadora asumiendo riesgos es primordial para lograr lo que perseguimos. Nada se logra sin la actitud de hacer, contar con voluntad y paciencia es media batalla ganada. Los conocimientos técnicos y la inteligencia análitica son sustanciales, pero sin transpirar la camiseta, aquellos, son en vano. Lo obtenido producto del esfuerzo es un camino de ida, entra en un círculo virtuoso para nuevos logros. Tradicionalmente venimos de una cultura familiar, de una educación y de una empresa que pone especial hincapié en el rigor técnico, en los conocimientos, en un marco  teoríco. El mundo laboral actual  selecciona gente por su curriculum vitae, los empleados solo aceptan jefes que sepan más que ellos, los maestros felicitan por las respuestas gratificando el saber de sus alumnos, los padres incentivan más que sus hijos estudien y pasen de grado. Pero luego la vida nos pega una bofetada,  un viso de realidad, resulta que las empresas despiden a la gente por su carácter, siendo que la tomaron por su curriculum. Los empleados se quejan de la severidad técnica y falta de empatía de los jefes que eligieron respetar por su saber. La educación evalua si un alumno aprobó, valora sus respuestas; no se interesan por si el estudiante aprendió o realizó preguntas audaces. Los padres observan el boletín de calificaciones, no se interesan por las lecciones aprendidas por sus hijos. El conocimiento y la educación han tenido y tienen un lugar primordial, que es una base muy sólida sin lugar a dudas. Pero en el mundo actual de negocios, de competencia creciente, con una conectividad digital sin límites; la diferencia está en la actitud. En el futuro inmediato, la supervivencia de las empresas y el crecimiento de las personas va a depender casi exclusivamente de su actitud. Reiteramos, el conocimiento es clave, pero cada vez más, forma parte de un piso, de un mínimo necesario pero no suficiente para crecer y aprender. Es más, la actitud tiene una parte cognitiva, pero no alcanza para desarrollar actitudes funcionales y positivas para nuestras acciones.

    Emociones y liderazgo

    La actitud es un estado del ánimo que se enuncia de una cierta forma, con un modo de comportamiento. La manera más obvia de evaluar la actitud de un empleado, por parte de un líder, es observar su postura corporal. El cuerpo de una persona habla por sí solo. La actitud corporal de un empleado transmite nítidamente si lo que esta realizando, lo está haciendo con ganas, o a desgano y por obligación. El cuerpo refleja una disposición anímica. La actitud tiene una base cognitiva, pero fundamentalmente conductual, motivacional (emocional) y social. Los seres humanos somos seres emocionales, por lo tanto, todos tenemos actitudes, que podrán ser funcionales o disfuncionales para tal o cual actividad. Podríamos aseverar, que una persona que esté atravesando un período de mucha  angustia tiene actitudes de inseguridad, ansiedad, tristeza y/o frustración; que probablemente no le están siendo funcionales para ser feliz. En el mundo de la empresa y los negocios, se requiere de buenas actitudes que se transformen en competencias laborales. Hay una estrecha relación entre lo que denominamos en el mundo de los recursos humanos, competencias y emociones. Las competencias son características propias de la personalidad puestas de manifiesto en el ámbito laboral. Es decir, puedo ser una persona que tengo rasgos de sociabilidad, buen humor, extrovertido e impulsivo. Para que estas características de personalidad se transformen en competencias, tengo que verlas reflejadas en buenas actitudes en el campo laboral, artístico, deportivo, etc. Es decir, las competencias son dinámicas y prácticas, para que se manifiesten en el campo de acción, tiene que existir un conexión emocional con la actividad que realizo. Porque sino, tengo el rasgo de personalidad pero no la competencia, en este caso, se supone que no hay buena actitud porque hay desmotivación. Pero como mencionaba al inicio, no todo es color de rosas en la vida, esto significa, que no todo el tiempo vamos a estar haciendo lo que amamos  o todas las actividades cotidianas son de nuestro agrado. Por lo cual, es fundamental aprender buenas actitudes para llevar a cabo lo que nos ocupa, para pelear y surfear las dificultades que se nos presentan. Si bien, tener actitud es deseable para toda la vida, hay momentos críticos que las organizaciones o proyectos personales necesitan especialmente de buenas actitudes. Las empresas que  atraviesan una etapa de nacimiento o aún en el crecimiento, los emprendedores, líderes o empleados principiantes; necesitan de aprender buenas actitudes, más allá de la base de conocimientos y habilidades. La actitud es un valor intangible de las personas y de las organizaciones que la hacen sustentable en el tiempo.   

    Al final sí, como dice Borges: entre las cosas hay una de la que no se arrepiente nadie en la tierra. Esa cosa es haber sido valiente.

     

    Carlos Alberto Sosa

    Consultor de Empresas

    Contador Público Nacional. Mg. Administración de Empresas.

    Especialista en RRHH y Dirección de Negocios.

    Coach Ontológico. Neuroliderazgo.

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