Ámbito empresarial

Publicaciones propias

Volver
  • Principio n° 1: Optimizar el tiempo. Por Carlos A. Sosa

    La mayoría de nosotros quiere cambiar algún aspecto de su vida con el cual no está conforme. Algunas personas quieren ganar más dinero, algunos jefes anhelan ser más efectivos con su equipo, artistas que desean vivir de lo que aman y no pueden, una mamá jefe de hogar poder disfrutar más a sus hijos; entre otros. En todos estos ejemplos hay un común denominador, la gestión del tiempo. El tiempo es el recurso más escaso a administrar si queremos realizar cambios para salir de la escenario actual. Si aspiro ganar más dinero y/o ser más feliz, no tengo que centrar mi atención en el dinero o en la felicidad en sí misma, tengo que focalizarme en como invierto la calidad y cantidad de mis tiempos para lograr lo que quiero. Es decir, saber como administrar los tiempos para modificar esa realidad que me inquieta. Es básico distinguir que el tiempo tiene diferentes atributos y calidades, por un lado contamos con el tiempo que le dedicamos a la batalla cotidiana, poniendo el músculo, la destreza física y manual. Y por otro lado, tenemos tiempos que desde el punto de vista organizacional son más valiosos, que son los que utilizamos cuando nos detenemos a pensar, hacemos foco, nos concentramos, generamos ideas, disfrutamos de una conversación familiar; entre otros. Estos tiempos son los que potencian nuestra situación presente. Podríamos decir que una tarea rutinaria, repetitiva y física le ponemos el cuerpo, la hacemos en modo automático. A la inversa,  cuando necesitamos resolver algo complejo, análitico, que requiere de nuestros conocimientos y esfuerzo intelectual, necesitamos disponer de tiempos con lucidez mental. Para una mejor comprensión es muy efectivo clasificar los problemas y tiempos en:

    -          Importantes y urgentes: aquí ubicamos a las fatalidades, las catástrofes, los asuntos extraordinarios. Debieran acontecer muy pocas veces en la vida. Si esto ocurre a menudo debería salirme de donde estoy o quedarme, si entiendo que no volverá a suceder. Son situaciones de alto estrés, nos consumen las reservas de supervivencia, dado la simultaneidad entre el problema importante que requiere solución inminente.

    -          Importantes y no urgentes: aquí debo detenerme a pensar, no existe premura por resolver porque no hay urgencia. Sí, hay un problema o asunto de categoría que requiere lucidez mental. Son de carácter estratégico, agregan valor. Necesitan nuestra atención y efectiva dedicación, no necesitan apresuramiento.

    -          No importantes y urgentes: son asuntos menores, operativos, que requieren más velocidad que cabeza. Delegables o de resolución por un tercero (proveedor).

    -          No importantes y no urgentes: son asuntos triviales, menores. También se pueden delegar o tercerizar.

    De la categorización surge, que necesitamos nuestra mente despejada para poder generar una idea, una estructura y una estrategia de acción para concretar nuestros propósitos personales y laborales. Por lo cual, sino me detengo a pensar, a reflexionar, mi hacer va a seguir siendo el mismo. Mi hacer lo puedo ir modificando cuando le pongo conocimientos que esten al servicio de la acción. Entonces si deseo ser más feliz, ganar más dinero, quiero cambiar mi vida; el secreto está en dilucidar sí a lo que quiero le pongo mi cuerpo, mi cabeza o ambas cosas. Comprender nuestra biología, como funciona nuestra mente, nos proporciona apreciable información para optimizar el uso de los tiempos. Si tenemos en cuenta nuestros tres cerebros, tambíen podríamos clasificar los tiempos en:

    -          Emocionales y químicos: están en nuestro sistema límbico, en nuestros neurotransmisores (dopamina, serotonina y endorfinas), tienen que ver con los impulsos automáticos que nos predisponen para la acción. Son reacciones involuntarias, se anticipan a la razón. Para gestionarlos, una buena manera es hacer actividades pertenecientes al ámbito de nuestra corporalidad: respirar, caminar, correr, prácticar deportes, descansar adecuadamente, hacer pausas activas, etc. También podemos gestionarlas desde nuestro pensamiento, ejemplo: cambiando nuestros pensamientos negativos. Las emociones son claves cuando son funcionales para los vínculos, potencian mi habilidad empática y capacidad de escucha. Estas cambian día a día, son efímeras. No es lo mismo reunirme con mi equipo un lunes (hay más ansiedad, preocupación), que un viernes (alegría, ansiedad más baja) o martes o miércoles (más equilibrio). Asimismo, conversar con un colaborador durante el caos de la mañana o realizarlo durante la tarde que tenemos otro nivel de serotonina (afecta nuestro humor), surte diferentes resultados.

    -          Racionales: provienen del neocortex o lóbulos prefrontales, tienen que ver con el pensar, reflexionar; son más lentos que la emoción. Necesitamos estar calmos, más pacientes, darles tiempo para intervenir. La razón es efectiva cuando está al servicio de la acción. Pensar en silencio muchas veces es igual a hablar con uno mismo. Es irme a una dimensión futura con esa idea, planificación que busca anticiparse a la acción. Hasta aquí muy efectiva. Pero si paso todo el tiempo pensando, es disfuncional porque pierdo el aquí y el ahora, la ansiedad me genera preocupación y no ocupación, la cabeza se me dispara en múltiples direcciones perdiendo prioridades. Las actividades corporales también ayudan a mejorar los procesos de pensamientos.

    -          Automáticos: provienen del cerebro reptiliano o cerebelo, aquí registro las repeticiones, los recorridos quedan tallados a medida que realizo una tarea de manera rutinaria. Las ejecuto en modo automático. Es muy útil para realizar tareas operativas, de poco valor agregado, porque no necesito pensar cada movimiento y consultar al neocortex por cada acción a realizar. Es disfuncional, cuando hago todo en automático, no le agrego valor a la tarea o no estoy dispuesto a cambiar o a ser más creativo. No sirve para las tareas estratégicas o de alto valor estratégico.

    Podemos resumir que para hacer una buena gestión de los tiempos es útil conocernos más,  saber más de nuestra biología, nuestras emociones y pensamientos. Así como clasificar la importancia y urgencia de los problemas y tiempos. La clave es comprender que el tiempo con aprendizaje es experiencia, el tiempo sin aprendizaje es acumular antigüedad.

     

    Carlos Alberto Sosa

    Consultor de Empresas

    Contador Público Nacional. Mg. Administración de Empresas.

    Especialista en RRHH y Dirección de Negocios.

    Coach Ontológico. Neuroliderazgo.

    Por categorías

    Por fecha

    Agenda del mes

    28 de Marzo y 04 de Abril de 2014

    Estrategias para motivar y remunerar el des- Empeño

    Aprender a gestionar el Des-“empeño” mejora el bienestar personal y organizaci

    Info

    23 y 30 de Sep., 07 y 14 de Oct. de 2014

    Curso de Marketing, Comunicación y Ventas

    Abrió la inscripción al curso de Marketing, Comunicación y Ventas. MODAL

    Info

    19 y 26 de Sep.; 03 y 10 de Oct. de 2014

    Taller de Gestión Administrativa

    Nuevamente abre sus inscripciones el Taller de Gestión Administrativa de Sosa Y Asociados.

    Info

    28 de junio de 2016

    1º Congreso Regional de Liderazgo, Neurociencias y Coaching

    Presentamos el 1º Congreso Regional sobre Liderazgo, Neurociencias y Coaching, donde contare

    Info