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  • Otorgo libertad ¿Puedo exigir? Por Carlos A. Sosa

    En el mundo laboral actual, principalmente, la Generación Y quiere libertad para expresarse, actuar y sentir pertenencia con su Empresa; entre muchas otras demandas. Ahora bien, que sucede cuando atendemos ese reclamo -en forma de himno nacional-, “Oíd, mortales, el grito sagrado: "¡libertad, libertad, libertad!";  y luego quiero lograr resultados, por lo cual, debo incrementar los niveles de exigencia a las mismas personas que les otorgué libertad.

    ¿Qué es la libertad?

    La libertad es un concepto abstracto, está vinculada a la facultad que posee toda persona para llevar a cabo una acción de acuerdo a su propia voluntad. Un ser libre no está atado a la voluntad de otros de forma coercitiva. La libertad garantiza el respeto por la voluntad individual e implica que cada uno debe hacerse responsable de sus actos. Se conoce como libertinaje a la libertad absoluta, lo cual lleva inevitablemente al descontrol social.

    ¿Qué es la exigencia?

     La exigencia o autoexigencia, es hija de la excelencia, y madre de la presión o autopresión. Como dice el Dr. Norberto Levy (pionero en el campo de la psicología humanista en Argentina), todas las actividades de los seres vivos, desde la acción más simple de un organismo unicelular hasta el comportamiento humano más complejo, son el resultado de la interacción de dos funciones básicas: la programación y la realización. Esta bipolaridad funcional, pueden ser: la mente y el cuerpo, el director y el actor, el director técnico y el jugador. En cada una de estas duplas se puede observar claramente que el primero tiene la función de diseñar, coordinar y dirigir la actividad y el segundo es el encargado de realizarla.

    ¿Cómo armonizar la libertad y la exigencia en el mundo laboral actual?

    Estamos caminando hacia un mundo donde los líderes, además de dirigir, coordinar y diseñar la actividad, tienen como función principal enseñarles a “pensar” a sus colaboradores para que los mismos tengan más autonomía decisional. Dicho de esta manera, suena fantástico. Ahora bien, está demostrado que hay situaciones laborales - específicamente puestos y momentos de las organizaciones-, en las que circunstancialmente no se puede dar rienda suelta a la independencia decisional. Más aun, sabemos, de acuerdo a teorías motivacionales, que hay grupos pequeños de personas que odian ir a trabajar. Debe quedar claro, que no nos estamos refiriendo a este último grupo de colaboradores. Es clave, la habilidad política del líder para saber cuándo otorgar libertad, a quien y porque motivos concederla. El objetivo organizacional, es armonizar la libertad decisional de los recursos humanos y mantener los niveles de exigencia. Sí, conceder libertad implica desmerecer la exigencia, y por lo tanto, la búsqueda de la excelencia, no estaría valiendo otorgar libertad. Por el contrario, si la meta es la exigencia en sí misma sin ayudar a la gente a entender (pensar) para que hace lo que hace, esto es, dirigiendo (programando) sin incluir a los hacedores, no es sustentable. La estrategia para que la empresa pueda desarrollar una mentalidad de equipo, innovar y crecer, es el conferir facultades decisionales gestionando el compromiso del liderado.  La libertad, es hermana del delegar. El delegar efectivamente, es empoderar a otra persona que ha demostrado compromiso. Como magníficamente, señala el Dr. Norberto Levy (en su libro “El asistente interior”), el exigente programador (director técnico) que en nuestro ejemplo es el líder, debe hacer copropietario de sus decisiones al realizador exigido (jugador). Hay que recordar que tenemos tres grupos sociales en las empresas: en los dos extremos poseemos  las “estrellas” y las “hojas secas”, que representan un diez por ciento cada grupo. Y al medio,  el restante, ochenta por ciento son los empleados que “hacen la plancha”. Estamos apuntando, a conceder libertad decisional, con un criterio lógico de clasificación, prioridades e interpretación de los perfiles laborales y momentos de la Organización. La efectividad del admitir libertades, tiene que  permitir mantener los niveles de exigencia,  la búsqueda de mejoras en los desempeños individuales y colectivos. El programador (exigente) y el realizador (exigido), pueden ser la misma persona, en este caso autoexigente, como bien señalamos en el ejemplo, nuestra propia mente cuando le exige a nuestro cuerpo. Aquí nos cabe una reflexión, cuantas veces, nuestra mente le da órdenes a nuestro cuerpo sin consultarlo. Entonces, de esto se trata, entre programador (líder exigente) y hacedor (colaborador exigido): ¿Che cuerpo como te sentís para hacer esta tarea? ¿Estás cansado? ¿Cuándo y cómo te parece la mejor forma de hacerlo?

    Carlos Alberto Sosa

    Consultor de Empresas

    Contador Público Nacional. Mg. Administración de Empresas.

    Especialista en RRHH y Dirección de Negocios.

    Coach Ontológico. Neuroliderazgo.

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