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  • La gestión del líder en la etapa de estabilidad. | Carlos A. Sosa |

    Como decíamos en nuestra columna anterior es dificil llegar, pero más aún, mantenerse en ese nivel que se logró. En términos automovilísticos, esta es una etapa de velocidad crucero, lo cual significa que el piloto mantiene su atención en el volante porque el acelerador ya quedó fijo en una velocidad que intentará hacer duradera. Esta marcha,  solo podrá ser alterada por un factor externo, lo que sería en una ruta otro rodado o elemento exterior; por el contrario,  por un factor interno como podría ser el propio abandono de la carrera de parte del piloto. Es decir, que la estabilidad de esta fase del ciclo de rendimiento, puede  verse  modificada por un elemento externo o abandono del liderado. En este período, el líder debe hechar luz al horizonte del liderado para tenerlo alerta en el trayecto y que ese piloto automático no se convierta en aburrimiento o zona de confort. Esto es, lograr que el liderado ratifique su punto máximo alcanzado, gestionando su voluntad de permanencia en una ruta o en un camino estable.

    Características de la etapa de permanencia o estabilidad

    Esta es la etapa más larga del ciclo del rendimiento laboral, en ella se está el 60% del tiempo del total que dura ese vínculo. Recordemos que en las etapas preliminares a la de estabilidad, son las fases de conocimiento que requieren de un 10 % del tiempo y la de crecimiento un 20 a 25% del tiempo; por lo cual la sumatoria de las 2 (dos) fases hacen el 30 o 35% del plazo total de duración del vínculo. Siempre estamos hablando del rendimiento de una persona en un puesto o rol determinado, es decir, que el colaborador permanece cumpliendo las mismas actividades en este tiempo. Cuando hablamos de actividades semejantes, hablamos que hay repetición de un proceso o método de trabajo por más que se alteren algunas circunstancias, como por ejemplo que una persona que se desempeñe como vendedor: atienda a distintos clientes pero bajo un mismo proceso o metodología de trabajo. Esto significa, que en este devenir hay una conducta que obedece a una rutina determinada, que está permanente por más que cambien algunos eventos, vínculos o personas. Lo que subsiste constante son las actividades o responsabilidades a efectuar; es decir, el proceso y la metodología. Por lo cual, el objetivo principal de esta fase no es seguir exigiendo para aumentar la velocidad, acá, ya no hay que maximizar más. Lo difícil de la meta es mantenerse. Esta fase es de administración de la rutina, en la cual hay que lograr una especie de tensión saludable, perseverancia, presión justa, trabajar la atención para seguir puliendo la técnica. En este sentido, es primordial innovar en las formas de hacer esos procesos, siendo creativos para incentivar lo tradicional de la fase, estimular la iniciativa; donde las bases son la voluntad, constancia, equilibrio, disciplina; para sostener lo que ya no tiene adrenalina. Asimismo, es fundamental, que el líder despierte en el liderado, una especie de alerta relajado, determine una zona de equilibrio entre el estado de alerta y el relax. Si traducimos esta etapa a en términos sentimentales, ya se apagó el fuego, se pasó el enamoramiento, pero esta naciendo el amor puro y verdadero, el folclore de alegrías y sinsabore, de lo bueno y no tan bueno que tiene un vínculo. El secreto ahora es mantenerse en este rendimiento. Este período podrá ser extensible en el tiempo, sí el liderado contiene sus niveles de ansiedad para gestionar la rutina, es una persona caracterizada por el optimismo y conserva mesura para sostener el rendimiento. Por otra parte, el rol del líder es clave como motivador, encontrando espacios de conversación, haciendo feedbaak sobre las áreas de mejoras, las cuales seran claves para estimular y alimentar este período.

    Recomendaciones para el líder

    En este ciclo del rendimiento, que como su nombre lo dice permanencia o estabilidad, el líder debe comprender que ya no influye por sus conocimientos  o la transferencia de mayor técnica al liderado; sino por el contrario, la clave esta en incentivar lo actitudinal, encender la pasión para mantener el fuego. Esto implica que la gestión del liderazgo en esta fase esta centrada en lo actitudinal o motivacional, en influir con reconocimientos, no en la tradicional transmisición de conocimientos.

     

     

    Carlos Alberto Sosa

    www.sosayasociados.com

    Consultor de Empresas

    Contador Público Nacional. Mg. Administración de Empresas.

    Especialista en RRHH y Dirección de Negocios.

    Coach Ontológico. Neuroliderazgo.

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