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  • La ignorancia de poner al enojo en capilla.

    Al enojo le adjudicamos responsabilidades en exceso y lo hacemos culpable injustamente de numerosos episodios. El enojo es una de las emociones que tiene mala prensa; al modo tal de considerarla dentro de la lista de las emociones que tenemos en capilla. Y las emociones pertenecen a nuestro sistema más primitivo el instintivo emocional, específicamente al área límbica. Es decir las emociones, entre ellas el enojo, son impulsos innatos que se gatillan de manera automática. Somos humanos, y una de las características que más nos identifican como seres humanos son nuestras emociones.  Una de las principales cuestiones por las que el enojo tiene mala fama es producto de los juicios de valor que tenemos sobre el mismo y por  la ignorancia emocional con la qué nos han educado. La representación mental que tenemos del enojo está asociada desde pequeño a nuestros berrinches, al rostro de disgusto, discusiones, gritos, tarjeta roja, peleas y finalización de vínculos; entre muchas otras situaciones. Es decir, la analogía que tiene nuestro cerebro del enojo es más bien mala, no es buena. A tal punto, cuando recibimos consejos, son del modo: no te enojes, calmate, te va hacer mal. En este sentido, entendemos las intenciones de las sugerencias; pero son desde el punto de vista técnico inexactas, porque el problema no es el enojo, sino lo que hacemos con él.
    ¿Qué es el enojo?
    Como nos enseña el Dr. Norberto Levy, en su libro sabiduría de las emociones, el enojo es el remanente de energía que está destinado a aumentar nuestros recursos para resolver el problema que nos produjo el enojo. Sin embargo, al no saber cómo encaminarlo, termina convirtiéndose en un factor que daña aún más la situación a que nos enfrentamos. Esta sobrecarga es lo que llamamos enojo. Es importante destacar que la función original de esa sobrecarga de energía es asegurar la realización del deseo o necesidad amenazada. Siendo concretos y simples, valiéndonos  de algunas licencias académicas, podemos definir al enojo como una especie de ecuación matemática; donde decimos que el enojo, es la diferencia (resta) entre las expectativas (e) y la realidad (r). Esto nos empieza a abrir una posibilidad de conversación, que tiene que ver con evaluar las expectativas que nos hemos hecho de una situación determinada  y la realidad o punto donde estamos parados. Esta diferencia entre expectativas y realidad es lo que llamamos frustración, es la brecha que debemos gestionar para achicar o moderar la distancia entre lo que espero y estoy recibiendo. El conversar y gestionar la frustración, tiene que ver con brindar un espacio a algunos juicios de valor: esto es una batalla, el otro me hace oposición, hay una intención adversa del otro, no hay territorio común, es el o yo, es todo o nada.

    ¿Cómo se manifiesta y que esconde el enojo?
    Las emociones son como una especie del juego de la raspadita, si raspo me voy a encontrar con otras emociones y juicios de cabecera que la sustentan, donde el enojo termina siendo la cara visible o el actor de reparto. Hay 2 (dos) situaciones y experiencias emocionales con la que nos encontramos a cotidiano:
    1- Enojo reprimido: este cuadro lo observamos en líderes o personas que les cuesta manifestar la situación de enojo, es decir, que no lo formulan, se lo quedan para sí mismo y no lo exteriorizan. Son las personas que comunmente decimos, se bancan o tragan todo. Algunos de los juicios de valor en lo que se basa esta no manifestación del enojo, es creer que pueden dañar al otro si le señalan lo que piensan, que actitud del otro lo frustró, como si la expresión del enojo dañara al otro. Otro juicio de sí mismo es sentirse o verse como inseguros. Esto es, como me considero inseguro, no puede expresar mi situación de enojo, entonces lo reprimo, oculto y dejo para mí.  Estas personas que pueden estar ejerciendo un rol de liderazgo (ámbito personal, deportivo o laboral), además de los juicios, tienen algún nivel de sumisión, timidez y de culpabilidad de manifestar el enojo. A estos líderes, los denominamos de poder blando, dado que les cuesta decir que no, creen que la única forma de liderar es consentir o dar el sí de manera constante. Estos líderes buscan primeros ser queridos y apreciados por el otro, sienten culpa por determinadas situaciones, ya sea por acción u omisión; terminan reprimiendo sus enojos. En síntesis la culpa y los juicios opera disfuncionalmente para efectuar el acto de descarga que necesita todo enojo, no dándose cuenta que el reprimir les hace mal a su salud física y emocional.
    2- Enojo activo: esta situación, es el extremo a la anterior, se da en caso de líderes que tienen una alta exposición del enojo, en diversas ocasiones cometen excesos, no separando la actitud o comportamiento que produce el enojo de la persona en cuestión. Estas manifestaciones del enojo, esconden en el juego de la raspadita; ansiedad, miedo o tristeza. El miedo nos indica la diferencia entre una amenaza y los recursos que tenemos para hacerle frente. Los altos montos de ansiedad, cuando son disfuncionales, se relacionan con  las preocupaciones imaginarias, exceden el plano de lo real. La tristeza tiene que ver con angustias, pérdidas o duelos no elaborados. Estas tres emociones empujan al enojo para su movilización de manera no efectiva. A estos líderes, le denominamos de poder duro, dada la forma en la que la mayoría de las veces manifiestan el enojo. Estos líderes debieran preguntarse que los frustra, que emociones y juicios se traducen en una manifestación de enojo. Cuando se comprende o etiqueta el trasfondo del enojo, empieza a ceder gradualmente la emoción en favor de la reflexión.
    Liderar el enojo
    Ese remanente de energía que trae el enojo necesita de un acto de descarga, es decir de manifestación. En el medio, del enojo pasivo y activo, existen posibilidades para liderarlo efectivamente; esto es declarando el enojo de forma asertiva. Esto implica, la habilidad de expresar nuestros deseos de una manera franca, amable, abierta, directa y adecuada, logrando decir lo que queremos sin atentar contra los demás. Negociando con ellos su cumplimiento. Pretender que la otra persona modifique conductas sin expresarle o aclararle que esperamos de él,  enojo pasivo, es convivir con expectativas distorsionadas. Todos tenemos expectativas y esperamos algo de alguien. La clave es entender que el enojo efectivo, es él que despierta el interés y la atención, no, él que intenta destrozar al otro (persona). Por último, enojarnos con el enojo, es matar al mensajero. El enojo es una especie de termómetro que nos da información, que nos da señales que debemos tomar como un gps.

    Carlos Alberto Sosa

    www.sosayasociados.com

    Consultor de Empresas

    Contador Público Nacional. Mg. Administración de Empresas.

    Especialista en RRHH y Dirección de Negocios.

    Coach Ontológico. Neuroliderazgo.

     

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